La mudanza
18 de agosto de 2017


Las expectativas y los hechos

Cuando te esperas una cosa y vives otra totalmente diferente

(Atrévete a ser diferente y lo pagarás... con ser excluido.)

Cuando se acercó la edad de entrar al instituto, lo veía claro. En Eslovenia uno se puede apuntar al conservatorio profesional para recibir clases de música o para recibir todas las asignaturas obligatorias en un instituto. Yo quería entrar al conservatorio profesional de la capital eslovena, pero quería entrar a otro instituto en la misma ciudad: un edificio enorme que suma seis kilómetros de pasillos, enorme, enorme y muy bueno. Se trata de un instituto privado, de una disciplina severa.

De las historias acerca de la disciplina severa no sabía mucho, pero me impresionaba ese edificio, en el cual cada alumno recibe la llave de su propia taquilla de gran tamaño, donde cada año la clase hace dos excursiones al extranjero, donde puedes elegir entre siete idiomas (inglés y latín obligatorio y otro idioma a elección, en mi caso francés), donde tienes un enorme rocódromo en la sala de deporte, un gimnasio... y de donde salen los estudiantes más competentes.

Mis padres no lo veían tan claro... para ir a esas dos escuelas debería entrar a una residencia, a los quince años… Tomaron una decisión y buscaron trabajo en la capital. Me faltaba un año para terminar el colegio, pero mis padres ya encontraron sus nuevos trabajos y así nos mudamos a la capital.

Desde pequeña era bastante idealista. La mudanza no me asustaba, me ilusionaba. En mis pensamientos me imaginaba rodeada de los nuevos amigos que conocería en la capital. Allí hay de todo: más colegios, más niños, más amigos, lógico.
No me esperaba lo que iba a pasar realmente. Y la realidad fue lo que hoy en día llaman acoso escolar. Una niña de una ciudad pequeña y provincial, la más pequeña en estatura de la clase, con sus gafas, su violín, su escuela de música cada tarde, sus libros, que le encantan, simplemente no es guay.

Mis nuevos “amigos” no tardaron nada en decidir que no íbamos a ser amigos. Pasé tres meses de acoso grave que terminaron en una considerable pérdida de peso y en serios pensamientos de suicidio. Los que iban a ser mis nuevos amigos no se ahorraban palabras para insultarme, robarme cosas y esconderlas, empujarme de las sillas, amenazarme y, en general, burlarse de mí.

Los profesores no sabían pararlo, aunque sabían perfectamente lo que pasaba, pero no querían molestar a los padres de los niños que conocían desde siempre por una nueva alumna que sólo iba a estar en ese colegio ese año. Desesperada, finalmente conseguí convencer a mis padres para cambiar de colegio. El nuevo fue algo mejor, pero no mucho. En mi nuevo colegio conseguí algunos (pocos) amigos, pero los profesores me tomaron por delincuente desde que entré por la puerta por primera vez. Cuando alguien cambia de colegio en mitad del curso, normalmente es porque en el colegio anterior lo iban a echar por los problemas que traía. No fue mi caso, pero ellos no distinguían.

Fue uno de los años más duros de mi vida. Al terminar el curso, por fin, pude entrar al instituto que quería y al conservatorio profesional.


Comentarios (3)

Andrea 2017-08-20

Muy interesante. Pero, ¿dónde están ahora esos mediocres que te trataban así­? ¿Qué ha sido de ellos? Opino que el maltrato y el acoso es el torpe homenaje que los mediocres e inútiles tributan al talento y al mérito. Un abrazo, Klara.

Jorge Martinez 2017-08-20

Ostras Clara, a mi siempre me gustaste, me hipnotizaba ver tus dedos deslizarse por las cuerdas siendo capaz de crear sonidos dulces y limpios. Me gustabas, era una atracción que un dí­a me hizo preguntarte si tocarias para mi en uno de los recitales de poesía que organizaba de tarde en tarde. Tu respuesta me dejó helado, -- si - me dijiste y el resto fue historia..... Que maravilla, que bien sonaban tus notas y mi voz mezcladas. Me gustabas mucho, me gustabas.

Eduardo (Torremolinos) 2017-08-21

Toda esta interesante historia que cuentas Klara, tiene un claro significado, la envidia, y si ya desde pequeñita sentiste este sentimiento hacia ti de alguna forma es porque los niños veian un claro rival...es normal, el mediocre siempre desea tener lo que posee "el superior". Mas tarde, y pasados los años, este sentimiento lo volviste a sufrir, cuando demostraste tu talento musical. De alguna manera, esto podria ser positivo, porque es el reconocimiento de tu valia. " Que hablen de mi aunque sea para mal" es una frase que se les ha atribuido a Salvador Dali, Oscar Wilde, y hasta una cita en el Quijote. Un abrazo Klara y no olvides que tenemos una cita en Torremolinos

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