La "normativa"
20 de diciembre de 2017


¿Qué es una normativa y cómo entra en vigor legalmente?

En Córdoba se creen que tienen una normativa específica para la música en la vía pública. ¿Qué es una normativa realmente y por qué la de Córdoba no lo es?

En Córdoba se creen que tienen una normativa específica para la música en la vía pública. En sus días el Decreto que yo poseía para tocar en La Puerta del Puente se acogía a la normativa de “actividades económicas en la vía pública.” Supongo que por este motivo me pidieron cumplir con unas condiciones de estar de alta de autónomos entre otras. Pasaron casi cinco años sin informarme correctamente y explicarme a qué normativa pertenecía mi actividad y que no había una normativa específica para la música. Sinceramente, creía que estaba cumpliendo con alguna normativa para este tipo de actividad existente.

Al encontrarse el Ayuntamiento en la necesidad de crear una normativa específica, erroneamente pensé que la nueva normativa iba a beneficiarme. Sin embargo, las decisiones que tomaron, no constituyen una normativa.

¿Qué es una normativa? En primer lugar, hay un escrito borrador que se presenta en un pleno municipal en el que los concejales votan a su favor o en su contra. Si el borrador ha sido apoyado con un mínimo del 50% de los votos, la normativa se inscribe en el B.O.P. - el Boletín Oficial de la Provincia - donde tiene que estar publicado durante 30 días, mientras está abierto el plazo de alegaciones. Si durante este tiempo aparecen algunas alegaciones, hay que revisarlas y mientras tanto la normativa aún no entra en vigor. En el caso de no haber ningunas alegaciones, la nueva normativa entra en vigor 30 días después de haberse publicado en el B.O.P.

En Córdoba, la “normativa” de la música en la calle jamás pasó ni siquiera por la primera fase. El borrador obtuvo un nombre de “CRITERIOS REGULADORES DE LA CONVOCATORIA PARA EL OTORGAMIENTO DE AUTORIZACIONES DE OCUPACIÓN DE LA VÍA PÚBLICA PARA ACTUACIONES MUSICALES O DE EXPRESIÓN ARTÍSTICA”, se firmó con el nombre de concejal de la vía pública y “entró en vigor”, a pesar de no estar presentado por el pleno. A los demás concejales no les importaba el tema, así que no se interpusieron, con lo cual, la normativa aún hoy no existe.



(Al ser la única con la autorización en vigor en aquel momento, entiendo que este párrafo se dirige directamente a mí)

Los “Criterios reguladores” es un documento que puede encontrarse en la página del Ayuntamiento de Córdoba, para quienes le interese. Esos criterios incluyen, entre otros puntos, por ejemplo, “no sentarse en el suelo directamente” y “no usar droga y alcohol”, pero no incluyen en ningun momento estar de alta de autónomos o tener el seguro de responsabilidad civil. A pesar de no dejar el plazo abierto de alegaciones, les mandé un escrito, alegando que, viendo esos criterios, me veo en una situación de perjuicio por estar cumpliendo con unas exigencias que, por lo visto, no se iban a tener en cuenta. Por supuesto jamás recibí respuesta a esa carta. En los meses posteriores se elaboró otro documento borrador, parecido al primero, en el que se añadió una zona nueva por haber recibido muchas solicitudes a causa del primer borrador.



Por desgracia, vistos esos “criterios” de no deber sentarse al suelo, mi actividad de repente no se veía como una actividad económica (lo que en todos los aspectos legales era), sino como una especie de mendicidad.

Finalmente, un día de junio 2016 me llamaron para darme una noticia. “Tenemos una solicitud suya para tocar en la calle,”. ¿¿Una??, pensé, ya que en los meses pasados había entregado mínimo una solicitud por mes, ya que nunca recibía su respuesta. “Necesitamos que nos mande un vídeo, para que veamos cómo toca, para ver si tiene suficiente nivel para poder tocar en las calles de Córdoba.” Enseguida se me subió toda la sangre a mi cabeza y la tensión bruscamente. Entiendo la práctica de evaluar a los candidatos en los municipios, de hecho ya lo hice varias veces, por supuesto porque en diferentes Ayuntamientos no me conocían, pero estando en Córdoba y llevando cinco años tocando en el mismo sitio, conociéndome media ciudad, esto me parecía una burla. Sólo era capaz de responderle: “De acuerdo, enseguida se lo mando. ¿Y el tema de estar de alta, va a ser necesario al final?” A lo cual la señora me respondió que esto no se prevé según los Criterios reguladores. “Bueno,” dije, “yo ya mandé mis alegaciones explicando que me encontraré, entonces, perjudicada, por haber cumplido con esa condición para poder tocar y, como usted comprenderá, soy una profesional y no pienso darme de baja, si esto es lo que el Ayuntamiento espera de mí.” No me dijo nada, solamente: “En cuanto veamos sus vídeos le informaremos sobre nuestra decisión.”

Llegó el principio de julio y el feliz momento de irme a mi pueblo del norte. En ese momento recibí la llamada de la señora del Ayuntamiento. “Ya puede venir a recoger la tasa y una declaración.” No sabía qué era lo de la declaración. Pedí a mi abogada que me acompañase, para comprobar de qué se trataba. La declaración que me hicieron firmar es una clara respuesta, sin haberme respondido directamente, a mis alegaciones sobre las condiciones que yo tenía que cumplir. Se trataba de una Declaración responsable, en la que el candidato debía firmar un documento responsabilizándose de que estaba de alta de autónomo en el epígrafe correspondiente y de que poseía un seguro de responsabilidad civil. La señora me puso el papel delante mía y me dijo: “Firme esto si quiere conseguir el permiso, es simplemente una formalidad, nosotros no vamos a comprobar nada.”
Firmé. Entregué la tasa y la declaración responsable y partí hacía el norte.

Unos días más tarde, estando tranquila en un lugar donde nadie se atreve a amenazarme ni acosarme, recibí de nuevo la llamada desde el Ayuntamiento. El permiso estaba, por fin, listo para recoger. Mi abogada fue a por él y en ese momento conocí las nuevas condiciones en las que iba a trabajar.
1. El permiso tenía una duración de 6 meses, rotando por 4 zonas diferentes de la ciudad, cada zona de esas durante 1 mes y medio, dentro de un horario muy limitado de mañana y de tarde, con unos 5 puntos en cada zona.
2. En cada punto de la zona podía estar un máximo de 90 minutos, con lo cual podría estar, en teoría, en mi antiguo lugar de trabajo, entre la segunda quincena de agosto hasta final de septiembre durante un máximo de 90 minutos diarios, si tenía la suerte de pillarlo libre.
3. Los autorizados deberían llevar consigo un cuadernito para rellenar el lugar y la hora de la ocupación del lugar. ¿Quién iba a comprobar esos datos? Nadie. ¿Quiénes eran los autorizados? No se puede decir por el tema de la protección de datos.

Explicaciones a todo esto:
- para poder vivir de esta actividad, estando de alta en la SS, es necesario tocar horas y horas. Hay épocas del año cuando va bien, pero hay épocas del año cuando va mal. Por lo tanto, hacen falta muchas horas de trabajo para depender solamente de esto. Es posible tomarse esta actividad con mucha calma, sin necesidad de ganar ciertas cantidades de dinero, sentándose no directamente al suelo, pero eso sin estar de alta en la SS, claro está.
- en los municipios, donde las autorizaciones funcionan con carácter rotativo, la autorización suele incluir todos los nombres de todos los autorizados. Solo de esta manera se puede saber si te has encontrado en la calle con otro músico que también está autorizado o no. De hecho, en otros municipios, solemos tener un grupo de WhatsApp para poder comunicarnos y organizarnos entre nosotros. (No pongo la mano en el fuego de que tal cosa no existiera en Córdoba, pero si existía, yo no estaba invitada a participar).
- en los municipios, donde las autorizaciones funcionan con carácter rotativo, los sitios asignados suelen ser al menos diarios. Llegar a un sitio y encontrarte con alguien tocando implica no saber cuánto tiempo lleva esa persona allí. Tan solo se podría saber en el hipotético caso de que hubiera una máquina como un parquímetro, donde el autorizado se registrase.

Por lo tanto, esa autorización no me servía de mucho y además, como es una cosa que no se puede cumplir, es nula de pleno derecho. También es nula de pleno derecho por haber hecho firmar a los candidatos una declaración responsable que no se preveía incluir en los Criterios reguladores y contenía datos que no se comprobaron.



En ese momento ya me cansé de todo eso. Llevaba muchos meses cansada, pero insistía por el amor hacia mi mujer, que tenía su trabajo fijo en Córdoba desde hacía años. Llevaba meses llorando, solo consiguió consolarme estar en un sitio bien lejos de Córdoba, así que decidimos, entre mi mujer y yo, que ya era hora de dejar su trabajo y de irnos a otro lugar a vivir.


Comentarios (1)

Juanmi 2017-12-23

Me siento indignado por la forma en que te trataron. Lo más indignante es que te dijeran que les enviaras un vídeo para comprobar que tení­as "calidad" como violinista. ¿Es posible que le puedan decir eso a la mismí­sima Klara Gomboc? Es como si le pidieran a Claudio Arrau que mandara un ví­deo para saber si tiene calidad tocando el piano. Madre de Dios, qué cantidad de mediocres, incultos e incompetentes hay en este paí­s. Cada minuto del día, nos destrozan los oí­dos con esa música nueva, que ni es música ni es cultura, y para una persona que hay haciendo cultura de verdad, y música de verdad, la tratan de esa manera. Estoy realmente indignado.

Yo también me habría ido de Córdoba para no volver. Qué triste es comprobar que haya personas tan rastreras, mediocres, envidiosas; porque eso es lo que son, un atajo de envidiosos. Politicuchos de tres al cuarto, que se dan muchos golpes de pecho defendiendo la cultura, la libertad y la democracia; pero, a la hora de la verdad, hacen uso de su poder para arremeter contra una mujer, una trabajadora, cuyo modo de subsistencia no es otro que tocar su violí­n, sorteando la lluvia, el viento, o el sol abrasador, con el único fin de ganarse la vida, como todo ser humano, y así­ mismo alegrar el corazón de todos aquellos que encontramos un aliciente a nuestros problemas, y también una razón para la esperanza, en las cuerdas de tu violí­n.

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