Los músicos, un policía, los concejales...
22 de noviembre de 2017


Nadie estaba de mi parte.

Principio del año 2016. A pesar de haber cumplido con todo, empezó la peor época de mi trabajo en La Puerta del Puente.

Seguía siendo trabajadora en régimen de autónomos, tenía mi seguro de responsabilidad civil, pagué la tasa hasta final de junio de 2016 y desde el Ayuntamiento de Córdoba no me habían contactado para informarme de ningún cambio sobre la supuesta normativa que iba a cambiar, así que pensé que podía seguir los siguientes seis meses trabajando en el lugar habitual.

A pesar de haber cumplido con todo, empezó la peor época de mi trabajo en La Puerta del Puente. No paraba de tener problemas. Los músicos, a los que ya conocía un poco de haberlos visto pasar o tocar por allí cerca, o incluso personas a las que no conocía ni sabía quienes eran, pasaban por mi lado y me decían a diario frases como las siguientes (cito textualmente):
“Ya verás cómo conseguiremos echarte de aquí.”
“Te vamos a echar y tendrás que volver a tu país.”
“Tengo amigos comunistas en el Ayuntamiento y me han dicho que me iban a ayudar para que yo toque aquí.”
“Mi amigo es concejal en el Ayuntamiento y me va a apañar el permiso en este sitio.”
“Vete ya a tu país.”
“Ya me he enterado yo de que no te han querido renovar el permiso. No tienes derecho a estar aquí tocando.”
Etc., etc.

Tener que escuchar estas frases me causaba una angustia que no me dejaba ni siquiera salir de mi casa. Tenía que salir, era mi trabajo. Un trabajo que yo amaría si no fuera por sentirme tan desprotegida. Pensé que por tener el permiso municipal durante tantos años al menos la policía local iba a estar de mi parte. Que no era así se me confirmó un día de primavera, cuando se me acercó un agente de la Policía Local. Desde el Puente Romano resonaba con un volumen muy alto la música de una gaita, cosa a la que ya me había acostumbrado, pero al agente de policía no le importaba la gaita o el gaitero sin permiso. Venía directamente hacia mí.
“Me han dicho que no tienes el permiso. Tendré que denunciarte.”
Le dije: “Es verdad que aún no he recibido la autorización, no sé por qué, pero he echado todos los papeles que solía enviar durante todos estos años, pero aún no me lo han mandado.”
“Entonces no lo tienes,” me dijo, “esto de pedir la autorización no importa.”
En ese mismo instante apareció la señora de la casa más cercana a la zona, corriendo hacía nosotros, diciendo: “¡Agente, allí arriba se está montando un grupo con guitarras eléctricas y con los amplificadores!” El agente la miró con desprecio. “En este caso, señora, si le molestan, tendrá que llamar a la policía,” dijo. La señora lo miró con sorpresa. Tener que llamar a la policía, cuando tenía un agente frente a ella, no parecía tener mucho sentido. “Hay que ver,” protestó con una voz de resignación, “todo lo que tiene que aguantar alguien debajo de su ventana.”
“Bueno, señora, también hay personas a las que no les gusta la música clásica,” confirmó.
Sabía que sus palabras iban dirigidas a mí. Me miró con desaprobación y me dijo: “Ya me informaré en el Ayuntamiento si puedes estar. Como me entere de que no, otro día cuando te vea te denunciaré.”
Se dio la vuelta y desapareció. La gaita seguía con su música en el Puente Romano. A él no se le quiso acercar ni le dijo absolutamente nada por estar allí tocando. No le molestaba el que nunca tuvo un permiso municipal, le molestaba la que sí lo tenía.

En los días siguientes poco me apetecía ir a tocar a La Puerta del Puente. Había bastante probabilidad de que pasara algún músico o incluso el policía del otro día. En la garganta se me hizo un nudo que no me permitía ni tragar ni respirar bien y por las noches no podía conciliar el sueño, pensando en todo lo que estaba pasando. Me despertaba nerviosa y con ganas de vomitar. Mi abogada intentó consolarme. “Klara, si no te han avisado sobre ningún cambio desde el Ayuntamiento, puedes seguir tocando allí. Si has cumplido con las condiciones que te pusieron hace años y aún no se ha aprobado la normativa nueva, las condiciones siguen siendo iguales. Tú has cumplido, en todo caso el que no ha cumplido es el Ayuntamiento que no te ha mandado el Decreto.”
Sus palabras parecían tener sentido. El agente que me amenzó con denunciarme, pasó unos días más tarde bien lejos de mí, fingiendo no verme.

Mientras seguía sin tener ningunas noticias desde el Ayuntamiento, los medios parecían encontrar un tema que se puso muy de moda. Al tema sobre “los músicos callejeros” y su nueva normativa en el horizonte le añadieron una palabra: la polémica. Sinceramente, me sorprendía ver el interés tan tremendo que causaba el tema de “los músicos callejeros” en la ciudadanía, pero no me parecía ninguna polémica todo aquello. A mí me parecía importante simplemente porque en la mayoría de esos artículos aparecía mi imagen, mi apodo y mi nombre. Llamé a uno de esos periódicos para preguntarles de dónde estaban sacando la información sobre el tema, ya que yo no estaba avisada de nada. “Estas informaciones vienen desde el Ayuntamiento,” me respondieron.

Visto que el Ayuntamiento no se iba a poner en contacto conmigo para contarme qué ocurría, me puse yo en contacto con ellos. Solicité varias citas con el concejal que me prometió hablar conmigo si algo iba a cambiar, pero él jamás volvió a contactarme. Coincidí un día con él en La Puerta del Puente y quise hablarle. Andaba rápido, con prisas y no tenía muchas ganas de hablar conmigo. Le pedí que me diera una cita y le ofrecí mi último disco, que estaba estrenando aquel día y del que aún no había vendido ni un sólo ejemplar. Lo miró y rápidamente dijo: “Gracias, pero este ya lo tengo.” En ese instante sabía que no podía confiar en nada de lo que me dijera. Era imposible que tuviera ese disco. En ese momento me acordé de sus palabras “No te preocupes” y me preocupé.

Solicité una cita a la alcaldesa de Córdoba, de la que sigo sin recibir ninguna respuesta hasta el día de hoy. Sí conseguí hablar con algunos otros concejales y algunos técnicos, aunque el que me ayudó con el permiso en su día desapareció de su puesto y no conseguí dar con él nunca más.

Por la delicadeza del tema, mientras éste siga en manos de los tribunales, no puedo revelar las identidades de los concejales con los que hablé, aunque sí os cuento sus respuestas.

Concejal A

Al contarle la situación en la que me encontraba y las noticias que me llegaban, dijo: “Sí, pero tú no puedes tener el privilegio de ser la única tocando allí,” a lo que le respondí: “Verá, ni quiero ser la única y en la práctica no lo soy, tan solo quiero que se respete mi situación y que entiendan que yo he tenido que cumplir con una serie de condiciones que, por lo que dicen los medios de comunicación, parece que no se les va a exigir a los demás.” A lo que el concejal me dijo: “Pues entonces tendrás que darte de baja de la Seguridad Social.”

Estoy deseando revelar la identidad del Concejal A, ya que estas palabras, por su cargo, jamás deberían haber salido de su boca.

Concejal B

Al contarle la situación en la que me encontraba y explicarle que, teniendo en cuenta los medios de comunicación, a los nuevos autorizados no se les iba a exigir cumplir con esas mismas condiciones, por lo cual “manifiesto mi solicitud de que se autorice a los demás como quieran, pero yo quiero seguir como estaba antes”, apuntó todas mis palabras y dijo: “Sí, se puede entender perfectamente. Tendremos en cuenta esto y te mantendré informada.” En las próximas reuniones se puso de parte de todos esos músicos, celebró con ellos "la nueva normativa" y jamás contó con mi presencia en las reuniones con los músicos, a las que ni siquera fui invitada.

Concejal C

El último con el que hablé parecía que realmente podría ayudar a que no se me “perjudicara”, como decían las noticias, y es lo que me prometió cuando hablé con él. Me dió su número de móvil para que lo llamase en caso de tener algún problema en mi trabajo (acosos por parte algún agente de la Policía Local o de los demás músicos). Seguía teniendo muchos problemas, así que le llamé en varias ocasiones, pero no respondía a mis llamadas. Tan solo recibí un día un WhatsApp suyo, con un tono ofendido, diciéndome que no le parecía bien que yo hablara sobre el Ayuntamiento. Creo que simplemente quería tener un buen motivo para no tener que ayudarme.

Dos de estos tres concejales han dimitido en los meses posteriores.


Comentarios (3)

Maria del Carmen 2017-12-02

¿Y qué hay de los “músicos” que tanta necesidad tenían de que les dejaras libre el escenario? ¿Dónde están?

Eduardo (Torremolinos) 2017-12-06

Entiendo perfectamente que despues de todo lo que has tenido que soportar en Cordoba con esos "musicos" miserables y esos concejales de pacotilla, sientas un tremendo rechazo. Pero aunque se que te sera muy complicado, y lo entiendo, intenta olvidar en la medida de lo posible esa epoca de tu vida, eso si, antes liquida todo lo que tengas que liquidar por alli, y ahora en Malaga disfruta y haz disfrutar a la gente con tu musica.

Aqui Klara sabes que te queremos y te admiramos, y nos sentimos muy orgullosos de que ahora seas nuestra violinista. Personalmente echo mucho de menos tus visitas a Torremolinos, pero por otra parte de esta manera me alegro mas cuando te vuelvo a ver. Y te dire algo mas: hasta el momento de todos los musicos que han pasado por aqui, ninguno se aproxima ni lo mas minimo a tu talento, por lo que no saben los cordobeses ni su "competente" Ayuntamiento lo que se han perdido. Te mando toda mi fuerza para seguir con tu musica y espero verte muy pronto. Un beso

Jesus (Rivas Vaciamadrid) 2018-01-05

Klara, yo resido cerca de Madrid y un dí­a tuve la gran suerte de verte tocar en el Puente, vi que eras una profesional y buena persona, lamento de veras que unas mediocres personas que ocuparan puesto en el Ayuntamiento te hayan hecho pasarlo mal...........en el fondo debes tenerlos pena, pues son los primeros seguro que se lo pierden.

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