La muerte de un amigo
01 de noviembre de 2017


Un antes y un después

La última época de mi vida en Córdoba se convirtió en una historia más bien triste.

En Córdoba hice algunas buenas amistades. Una de ellas tuvo más tarde gran influencia en la historia de mi vida.

Lo conocí en La Puerta del Puente. Era un policía local y ese día coincidimos por primera vez. Se acercó y me dijo: “¿¿Qué haces aquí?? ¿Tienes permiso para tocar aquí?” Me miraba con desconfianza, pero yo me alegré, no solían pedirme enseñar mi autorización, pero por fin tuve la oportunidad de mostrarla a alguien. La miró y leyó detenidamente y concluyó: “Aquí no puedes estar.” “¿Cómo? Estoy autorizada para estar aquí tocando.” No podía convencerle. “No en este sitio.”

La autorización claramente decía “en La Puerta del Puente”, pero parecía que para él no era suficiente. Decepcionada y triste, recogí mis cosas y abandoné el lugar. Estaba muy nerviosa, pero intentaba calmarme, pensando, “si no lo he visto antes, puede que no lo vea en mucho tiempo más, así que seguiré tocando allí mientras tanto.”

Pasaron unos días. No tardó mucho en aparecer de nuevo. Casi empecé a temblar al verlo. Me pidió mi autorización de nuevo. Ya me imaginaba qué iba a pasar. Pero esta vez la leyó otra vez y me dijo: “Lo siento mucho por lo del otro día. No estaba avisado de que alguien tenía autorización para este sitio.” Aliviada, empecé a hablar con él. Siempre cuando pasaba por allí nos intercambiábamos algunas palabras y así empezó nuestra amistad.

Las historias que nos contábamos nos hicieron crear un vínculo amistoso y cariñoso. Era un hombre muy especial, con mucho interés por la historia de su ciudad, incluso publicó un libro sobre la historia de Córdoba. Sabía tanto que una vez cuando visitó la ciudad un coro de Eslovenia y yo les recibí, le pedí que nos acompañara para explicarnos algo de sus conocimientos culturales acerca de su ciudad. Fue muy buen guía. También fue muy buen policía. Tengo que reconocer que me protegió mínimo dos veces de acosos muy graves y muy agresivos, una de ellas incluso después de terminar con su turno, ya de paisano, cuando se cruzó con un acosador y mi amigo le susurró una amenaza tal que éste ya no volvió a molestarme nunca más. Para mí era como si tuviera un padre adoptivo.

Sabía que en su vida privada estaba pasando por unos momentos muy duros e intentaba consolarle. A menudo hablábamos de esos problemas y yo le decía: “Espérate, en unos años se pasará todo esto, no te desanimes, ya verás cómo luego todo volverá a la normalidad”.

Pero una tarde de marzo del 2015 recibí una llamada. Por lo visto mi amigo policía, después de su turno de trabajo ese día, cogió su arma y decidió acabar con su vida. “Decidió”, no lo sé, quizás lo tenía decidido desde hace tiempo. A pesar de tener una amistad muy cercana con él, lo juro, jamás se me había pasado por la cabeza que podría hacer algo así. Me quedé de piedra con mi teléfono en la mano. No me lo podía ni creer. “¿Dónde está?” estaba preguntando, imaginándomelo en un hospital, donde le estában atendiendo. “Klara, ya no está, ¿no entiendes lo que te estoy diciendo?” No. No lo entendía. No pude dormir esa noche, tampoco pude llorar. Creo que finalmente pude empezar a llorar una semana después. Cuando ya pensaba que estaba asumiendo que mi amigo ya no estaba, me volvía a caer a la tierra, siempre cuando se pasaba un policía por la zona, siempre cuando veía a un hombre con una barba gris, o un hombre en la moto, siempre pensaba que era él.

Día tras día se convirtió en una pesadilla, un circulo vicioso, de culparme por no haber hecho algo más por él y salvarle la vida, de no tener ganas de salir a trabajar, de estar trabajando y de que todo de ese entorno me recordaba a él, de no practicar las piezas nuevas por no tener ganas, de salir a tocar sin fuerzas y de estar acosada (si ocurría esto, me volvía rápidamente a mi casa, no tenía ganas de luchar, ni ganas de más historias, ni ganas de peleas), y así seguía hasta el final de primavera de ese año.

Entonces hice las maletas y me preparé para salir de viaje y pasar el verano en otro lado, en un entorno más neutral y sin malos recuerdos, y además sin estar rodeada de los músicos, enfadados conmigo por no tener la autorización, esperando detrás de la esquina para que me fuera.



Descansa en paz, amigo mío.


Comentarios (9)

Isabel 2017-11-01

DEP. Que tu alma se ilumine

Carmina Pino 2017-11-01

Que bonito recuerdo, gracias por tus palabras, sabes que mi hermano sentía lo mismo por ti.

Jose Burgos 2017-11-01

Me has dejado de bajón... Ya lo siento...

Juanjo Morcillo Luque 2017-11-01

No sabí­a nada de esta historia, Klara. Aunque no tení­as ningún indicio de que él estuviera hasta ese punto de mal, fue normal tu reacción: cuando sufrimos un duelo, tras negarnos la realidad, buscamos a un culpable de ese dolor, porque no concebimos que no lo haya. Y cuando no lo encontramos, nos achacamos irracionalmente esa culpa, por eso te dijiste a ti misma eso. Pero seguro que él estaba agradecido de ser la amiga que eras. Siempre te quedará su amistad y su recuerdo. Los amigos de verdad no se van nunca, permanecen siempre en nuestros corazones. Un abrazo.

Carlos J. Reyes 2017-11-01

Lo lamento mucho, Klara. Un besazo desde Córdoba.

Andres Gonzalez 2017-11-01

Si Klara, si puedes hacerle llegar ese sentimiento que sentías y sientes por esa persona....con tu música, con tu Violin, con esas notas que le sacas, esa música que suena a celestial, seguro que le llega allá­ donde este. Es la única ví­a más directa hacia las personas que queremos y que un día perdimos.....pero que siguen estando en nuestro pensamiento y eso nadie nos lo puede quitar.... Ni la muerte. Un abrazo

Fuensanta Salcedo Bejarano 2017-11-01

Llama, yo no lo conocí­ personalmente; pero no dudes de que era grande... porque muchas personas cercanas, comentan aún su valí­a. D.e.p.

Ana de la Torre 2017-11-01

Lo siento mucho, la vida nos pone a prueba, pero hay que seguir adelante. Él disfrutó de tu música amistad y compresión en sus últimos dí­as. Nosotros también queremos seguir­ disfrutando de tu música. Nunca olvidaré el Ave Maria que tocaste con tu violin, en una noche del mes de mayo

Cristobal 2017-11-06

Klara entiendo perfectamente tus palabras, tú eras alguien muy especial para él. A mí­ me ocurrió exactamente igual, no daba crédito a lo ocurrido... A dí­a de hoy, después de todo este tiempo me sigo haciendo muchas preguntas. Lo que tengo claro es que era una persona diferente, para mi su recuerdo es algo cotidiano,nunca me olvido de Sergio y él lo sabe, posiblemente no supimos ver el alcance de su tristeza, pero conociéndolo y de la forma que disfrutaba la vida, era algo impensable. El pasado día 1 de noviembre dí­a de todos Los Santos, me dijeron que tení­a que prestar servicio en el interior del cementerio de La Salud, para mí­ fue un disgusto, la última vez que estuve allí, me llevé el palo más duro de mi vida y no quise entrar, curiosamente al atardecer y coinciendo con la hora de cierre, me asomé a la puerta para ver cuánta gente quedaba en el interior, al asomarme pude ver una imagen increí­ble, el camino que separa los departamentos del cementerio, con la luz del atardecer y una cruz que hay allí situada en el centro, fue tal sensación para mí, que me vi en la obligación de acceder, una vez dentro di un paseo por el interior, jamás me hubiera fijado en detalles que esa tarde pude ver, era como si alguien me guiara y quisiera que yo viera cosas que nunca hubiera visto, porque no despiertan mi interés ,pero las ví­. Finalmente me marché de allí­ con una sensación de bienestar indescriptible, volveré a menudo por ese lugar, ha despertado algo en mi interior. Sergio jamás caerá en el olvido. Es el mejor homenaje que se merece y podemos hacerle.

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