La autorización
09 de octubre de 2017


Los principios de mi trabajo en La Puerta del Puente

En esta entrada os explico las condiciones que tuve que cumplir para conseguir la autorización municipal para tocar en la vía pública de Córdoba... Una vez cumplidas, sólo podía elegir un sitio para poder desarrollar mi actividad.



(El escaneado de uno de mis primeros Decretos para poder tocar en La Puerta del Puente)

En septiembre de 2011 entré a la oficina de Ayuntamiento con la carta que recibí en mis manos. “Esto de epígrafe correspondiente, el seguro de responsabilidad civil, alta en la Seguridad Social, qué significa?” Llevaba solo unos meses chapurreando en español y no se podía decir que supiera hablar bien. Más bien improvisaba y aprendía las palabras sobre la marcha. Pero las palabras de esa carta eran todo un misterio para mí. Unas palabras y expresiones que nunca había escuchado.

Los técnicos se tomaron tiempo y me explicaron cada paso que tenía que seguir. Creo que querían pintarmelo lo más serio posible, para que volviera a mi casa sin atreverme a entrar en un lugar llamado Hacienda, en otro llamado la sede de la Seguridad Social, por no tener que pasarme a hacerme una póliza de seguro de responsabilidad civil en una oficina de seguros, pero no sabían que mi ingenuidad era más grande que el miedo. Después de atenderme me puse en marcha. Tardé casi dos semanas más en tener todos los papeles en regla, pero al final los tenía en mis manos. “Aquí, ya los tengo,” estaba contenta al entrar de nuevo a su oficina. Intentaron esconder su sorpresa. “De acuerdo,” dijeron después de revisarlo todo como con lupa. “Elige un sitio dónde quieres tocar.”

Esto me molestó. En mi primera solicitud escribí “tocar en la calle de Córdoba” y en mi segunda especifiqué tres sitios en este orden: 1. El Puente Romano, 2. La Puerta del Puente, 3. La calle Gondomar, ya que me dijeron que especificara dónde quería tocar. ¿Ahora tenía que elegir uno solo? ¿Por qué? Me explicaron que iba a pagar una tasa por la ocupación de la vía pública por los metros cuadrados que iba a utilizar y que por lo tanto sólo podía estar en ese sitio por el que pagaba.

Me quedé un poco desconcertada. Cómo elijo entre tres sitios, de los cuales todos me parecen buenos? Por un momento pensé que daba igual mi elección, no creía que nadie se fuera a molestar si ahora elegía uno y después en algún momento usaba alguno más, pero parecía que el técnico me estaba leyendo el pensamiento. “El sitio que vayas a elegir será el único sitio donde podrás estar. Si te ven en algún otro sitio, te quitarán la autorización.” Pensé por un momento más. Solía tocar en el Puente… “Ah, y el Puente no puede ser.” - dijo. ¿Cómo? “Allí preferimos no autorizar a nadie.” Ahora lo tenía más difícil.

El Puente posiblemente sería mi primera elección. El segundo, el sitio recién arreglado se ha quedado muy bonito, pensé. Aunque no lo conocía mucho, ya que estaba la familia de Rumanos siempre allí. Pero con este permiso… tendrían que buscarse otro lugar… el permiso no lo tienen, pensé. Y decidí. “La Puerta del Puente. A ver cómo me va allí. El permiso es para tres meses, si no me gusta, después pido otro sitio.”

***

Así surgió la gran historia y la experiencia más intensa de mi vida. Mi autorización para poder tocar “tranquila” en La Puerta del Puente empezó el día 1 de octubre del 2011. (Aunque la autorización más antigua que he podido localizar hoy es de meses después. Por entonces la autorización se renovaba cada tres meses.)

La primera sorpresa más grande fue la gran cantidad de dinero que me supuso pagar la cuota de la Seguridad Social al final del mes. No me esperaba que la cuota de pagar el autónomo iba a costar más que el alquiler del piso que compartía. De repente me veía obligada a ir a tocar con mucha más frecuencía para poder pagar un gasto tan alto y entonces ya lo entendí: la autorización que conseguí no era para “quedarme tranquila los días que iba a tocar”, sino que tenía que tocar muchas mas horas que antes. Ya no era un gracioso pasatiempo, era a lo que se referían los técnicos del Ayuntamiento cuando decían que me tenía que dedicar a esto profesionalmente, un trabajo.

La siguiente sorpresa fue después de los primeros tres meses, cuando tuve que hacer la primera declaración trimestral y me encontré delante de un manojo de modelos que no sabía rellenar. Cuando caducó mi autorización, volví a echar la solicitud, junto con las fotocopias de la actividad y esta vez no me hicieron ningún comentario más, pagué mi tasa y recibí el permiso para los próximos meses.

Obviamente antes de plantearme todo el tema de la autorización, intenté buscar otras opciones de trabajo por la ciudad. En escuelas de música no buscaban a nadie para enseñar, en la orquesta no necesitaban a nadie nuevo, en los conservatorios por lo visto se podía entrar solo después de pasar unas oposiciones (tema que por ser extranjera desconocía completamente). En tiempo de plena crisis económica una guiri despistada está buscando trabajo (sin hablar bien español) por España, pues claro que no había trabajo.

A pesar de las desagradables obligaciones de pagar las cuotas, me sentía feliz. Llegaba a mi puesto de trabajo pensando “¡qué suerte tengo de poder hacer lo que me gusta, tocar el violín!”

Con un pequeño bolso y mi violín me colocaba a tocar para los transeuntes. No tenía nada más, así que con los primeros euros que ahorré, me compré un pequeño amplificador y un reproductor para que me acompañase. Un violín es un instrumento melódico y si no tiene su acompañamiento, le faltan las armonías.

Al llegar a mi puesto de trabajo, solía mirar hacía el puente y hacía las colinas y adoraba a ese árbol en mitad del campo que veía desde lejos. Las colinas parecían como unas curvas onduladas, perfectas, con un color agradable amarillo. La brisita del río me traía algo de aire fresquito, y esas piedras que me rodeaban parecían absorber mis notas y devolvermelas con más fuerza. No me importaba si pasaban muchas o pocas personas. Me retaba a mi misma, jugando con el sonido, ahora piano, ahora crescendo, ahora forte y presentando nuevas melodías a las piedras alrededor mía, para ver cómo sonaban.


Comentarios (5)

Jorge 2017-10-09

La puerta del puente se quedo muda desde que te fuiste

Eduardo Amo 2017-10-12

Eres ESPIRITU PURO. Un ser adorable...

Rafael de Afoco 2017-10-13

Aqui, somos muy refraneros, entre ellos hay uno que dice "" estas mas solo que un hospital robao "". Eso le pasa a la Puerta del Puente desde que no estas tú.

Gus Gracia 2017-10-18

Que maravilla y que fuerza en tu empeño por seguir adelante, y que pena que finalmente los poderes politicos pudieran más que tu música...

Eduardo (Torremolinos) 2017-10-20

Si ya de por si es dificil entender "esos palabros" usados en la burocracia, lo es mucho mas tratandose de una persona que no habla el idioma. Y una de las cualidades de nuestra artista, es el tesón y la constancia que tambien la han hecho llegar hasta donde hoy en dia se encuentra, en una grandisima violinista.

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